Las 5 películas
Gorilas en la niebla (Gorillas in the Mist, 1988)
Dir. Michael Apted · Sigourney Weaver, Bryan Brown, Julie Harris, John Omirah Miluwi · EE. UU. · 124 min · Drama · Historia
Michael Apted convierte la biografía de Dian Fossey en un retrato de obsesión. Sigourney Weaver no interpreta a una santa de la conservación: la película muestra cómo el amor por los gorilas se endurece hasta el fanatismo, cómo la mujer que abraza a un animal es capaz de despreciar a los humanos que la rodean. La niebla del título no es decorado, es método: la cámara aprende a mirar despacio, a esperar en la maleza hasta que un gorila decide acercarse. Aquí el simio es todavía animal, no metáfora, y por eso el ciclo empieza en el suelo firme del documental antes de despegar hacia lo fantástico. El contacto entre la mano de Weaver y la de un gorila sigue siendo uno de los planos más honestos del cine sobre naturaleza.
Atracción diabólica (Monkey Shines, 1988)
Dir. George A. Romero · Jason Beghe, John Pankow, Kate McNeil, Joyce Van Patten · EE. UU. · 113 min · Terror · Ciencia ficción · Drama · Suspense
El maestro del zombi George A. Romero cambia de registro sin bajar la temperatura moral. Aquí el horror no viene de una masa devoradora sino de una intimidad venenosa: Allan, prisionero de su propio cuerpo, proyecta su rabia sobre Ella, la mona que le sirve y le entiende demasiado. Romero filma la dependencia como una jaula compartida y el suero experimental como la excusa científica para hablar de deseo, control y culpa. No hay simio asesino de cartón: hay un vínculo psicológico que se pudre, un animal que se vuelve extensión de lo que su dueño no se atreve a pensar. Es la película más incómoda del ciclo y la que mejor sostiene la tesis: cuanto más nos entiende el mono, más miedo da lo que somos.
Congo (1995)
Dir. Frank Marshall · Laura Linney, Dylan Walsh, Ernie Hudson, Tim Curry · EE. UU. / Uganda · 115 min · Acción · Aventura · Ciencia ficción
Frank Marshall, productor curtido con Spielberg, dirige el epítome del blockbuster de videoclub: gorilas asesinos con ojos fosforescentes, un guante que traduce el lenguaje de signos de la simpática Amy, y un Tim Curry masticando cada sílaba con acento imposible. Adaptación de Michael Crichton, Congo no aspira a la solemnidad de Gorilas en la niebla ni al malestar de Romero; aspira a la palomita. Y sin embargo encaja perfecto en el ciclo, porque aquí conviven los dos simios: el que aprende a comunicarse con nosotros y el que vuelve a ser bestia guardiana. Es el eslabón que lleva el mono de lo real a lo fantástico, con láser verde y ruinas selváticas. Cine de sábado por la tarde, sin complejos.
El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1968)
Dir. Franklin J. Schaffner · Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans · EE. UU. · 112 min · Ciencia ficción · Aventura · Drama · Acción
El clásico ineludible. Franklin J. Schaffner y un guion con firma de Rod Serling invierten el espejo de golpe: aquí el simio habla, razona y gobierna, y el humano es la criatura enjaulada. Charlton Heston presta su mandíbula a la indignación de una especie destronada, mientras el maquillaje de John Chambers dio forma a rostros de chimpancé y gorila que aún resisten. Bajo la sátira de ciencia ficción late una crítica feroz: al racismo, a la fe ciega, a la guerra nuclear. El plano final es de los que reordenan la película entera hacia atrás. En este ciclo funciona como el punto de máxima abstracción: el mono ya no es animal ni monstruo, sino idea, sociedad completa que nos devuelve nuestra propia caricatura.
Mi gran amigo Joe (Mighty Joe Young, 1998)
Dir. Ron Underwood · Charlize Theron, Bill Paxton, Rade Šerbedžija, Peter Firth · EE. UU. · 114 min · Aventura · Familia · Acción · Fantasía
Ron Underwood cierra el ciclo devolviendo al gorila su condición de ser digno de amparo. Remake del clásico de 1949, Mi gran amigo Joe apuesta por la aventura familiar con efectos de la era Rick Baker y Dream Quest: Joe es un animatrónico y CGI que emociona porque la película se lo cree. Charlize Theron, en pleno ascenso, encarna a la protectora que arrastra al gigante hasta la ciudad hostil. Tras el terror de Romero y la sátira de Schaffner, el ciclo aterriza suave: aquí el simio no asusta ni domina, sufre. El clímax en el parque de atracciones incendiado recupera la vieja lección de King Kong sin su tragedia, dejando al espectador con la sensación de que a la criatura le debíamos algo. Cierre emotivo, casi tierno.